La muerte de obreros tercerizados de Sameep es parte de una investigación sociológica

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En el trabajo se analizan otros dos casos regionales: el deceso de ocho albañiles en una obra en Corrientes y el de ocho tareferos de Misiones.

Hace siete años que el investigador Damián Navarro analiza por qué algunas muertes pese a ser múltiples, producirse de forma violenta y en circunstancias evitables no adquieren relevancia social.

Su trabajo incluye el deceso de cuatro trabajadores tercerizados por la empresa estatal Sameep, en el Chaco. También el de ocho albañiles en una obra clausurada en Corrientes y el de otros ocho taraferos, entre ellos un niño, de una pequeña población de Misiones.

La conclusión es tan sencilla como estremecedora. “La hipótesis es que lo que opera de fondo son las características de esas personas: eran obreros pobres y de escasa calificación”.

La ponencia formó parte de la quinta edición internacional de las jornadas sobre conflictos y problemáticas sociales y séptima interdisciplinaria del Gran Chaco, que finalizaron el último viernes.

El estudio del investigador de la UNNE vincula el tratamiento social de la muerte con ciertos ámbitos de trabajo, justamente para reflexionar sobre una vida supeditada a sistemas de producción y a una racionalidad productiva.

Como el sistema no se detiene ni se resiente -porque hay otros más para realizar la misma tarea- las muertes no suponen un problema para ese mismo sistema productivo.

Cuando un hecho desencadena una muerte excepcional suele ‘generar algo’ en la sociedad. Las consecuencias pueden ser protestas, una remoción de cargo, o que alguien sea procesado en la justicia.

Sin embargo hay algunas que pese a ser excepcionales, son invisibilizadas. “¿Por qué no producen algo significativo; no hay renuncias de funcionarios, no se buscan responsables penales ni se generan cambios en lo legal?, ¿qué pasa con esas muertes?”, plantea Navarro en diálogo con NORTE.

Significativas por  ocurrir en el trabajo

En Resistencia  la muerte de los trabajadores tercerizados expuestos a emanaciones toxicas se podría haber evitado si contaban con ropa o elementos de protección. Sin embargo no hubo renuncias ni desplazamientos de funcionarios, analiza el autor.

Por el caso correntino de los albañiles que murieron en 2012 poco después se abrió una investigación aunque sin sentencias.

Mientras que por el siniestro al regreso de una cosecha de yerba mate en Misiones se instituyó el Día del Tarefero, una fecha que se convirtió más en un hecho conmemorativo que en un acto de desagravio o de movilización por derechos para el sector. Recién dos años después cobraron impulso algunas medidas de regulación y prohibición del trabajo infantil.

“Son muertes significativas, se produjeron durante la jornada del trabajo y contienen aspectos prevenibles. En Corrientes no se respetó la clausura de la obra en construcción; en Misiones no tendría que haber un niño trabajando ni faltar medidas de seguridad y en el Chaco la indumentaria debía ser distinta”, explica.

Una desigualdad que se denuncia  

“Se dice que la muerte nos iguala a todos y no es cierto; sigue provocando desigualdad entre personas aún después de ella”, señala Navarro.

Él escribió un capítulo (La naturalización de la excepción) del libro “Resistencias al neoliberalismo en territorios argentinos. Diversidad de actores, acciones y horizontes”.

En un párrafo sostiene que la conflictividad que se puede desencadenar no está ligada estrictamente a las características del hecho en sí; sino a las del territorio donde se producen.

“La mayor presencia del reclamo en Chaco puede explicarse, no como una mayor sensibilización por el caso, sino por la presencia de organizaciones sociales articuladas entre sí, que llevan a cabo sistemáticamente movilizaciones donde confluyen diversos reclamos. Para el caso de Corrientes y Misiones, este sujeto social no existía previamente, lo que dificultó que se produjeran reclamos masivos”, describe en una de varias comparaciones entre los tres casos del NEA.

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