El abandono municipal recortó en dos barrios el servicio de colectivos

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Cientos de vecinos de la zona utilizan la línea 5, que para salvar sus coches dejó de circular por las áreas sin pavimento, que son mayoría.

Los vecinos de Villa Chica y Villa Ghío que viven sobre calles de tierra -es decir, la gran mayoría de estas populosas barriadas- coinciden: nunca antes se sintieron tan descuidados por una gestión municipal como ahora.

Ambas villas, situadas en la zona noroeste de la ciudad, aledañas al barrio Toba, prácticamente tienen en el servicio de recolección de residuos a la única prestación comunal que funciona con cierta regularidad. El servicio se brinda tres veces a la semana. Es poco, pero suele cumplirse.

Por lo demás, el gobierno municipal de Resistencia brill por su ausencia. No hay el más mínimo interés en embellecer espacios verdes ni en ofrecer alternativas de recreación a niños y adultos de la zona.

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No hace falta que llueva para que los baches sean miles, pero cuando hay una precipitación el panorama se vuelve todavía peor. Más aún porque las veredas son una rareza en la zona.

Por el contrario, las lagunas situadas junto a la avenida Rivadavia no muestran desde hace más de un año siquiera un milímetro de sus espejos de agua. Están cubiertas de vegetación que jamás se retira. No hay plazoletas decentes para los chicos. Una, situada en avenida Lavalle (una cuadra después de donde concluye el pavimento), da pena.

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En la zona del terraplén que custodia a los barrios de las crecientes del río Negro, las calles permiten a los vehículos circular solo a paso de hombre.

En ningún otro punto de la ciudad se puso tan poco interés en darle a la infancia un espacio. Pero sin dudas lo peor son las calles. Sin mantenimiento durante meses continuados, son intransitables.

La Línea 5, que entraba en ellas, dejó de hacerlo para salvar sus vehículos, que se rompían a raíz de baches y pozos monumentales.

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Hoyos que se forman en algunas arterias no merecen ninguna atención del municipio. Los vecinos intervienen para señalizar como pueden y evitar accidentes. Lamentable.

Resultado: los colectivos llegan sólo hasta donde llega el asfalto. Para muchos usuarios significa caminar seis u ocho cuadras más que antes, en áreas prácticamente sin veredas y sin alumbrado público nocturno. Una auténtica vergüenza.

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El acceso (si puede llamarse de esa manera) a la capilla Buen Pastor, imposible de atravesar. Una falta de respeto de la intendencia a dos vecindarios populosos.

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